Jumper
Jumper No pasó mucho tiempo antes de que los problemas lo alcanzaran de nuevo. Una noche, mientras descansaba en su apartamento, escuchó un estruendo en la puerta.
—¡Policía! ¡Sal con las manos arriba!
El miedo lo golpeó como una descarga eléctrica. ¿Cómo lo habían encontrado? No había dejado rastro, ni siquiera un nombre. Saltó al instante, apareciendo en una estación de tren abarrotada. La multitud lo envolvió, pero sus pensamientos lo asfixiaban. Había creído ser invisible, invulnerable, pero alguien lo había encontrado.
“Esto no puede seguir así”, pensó, mientras un tren rugía cerca. Había cruzado una línea. Robar había sido un error, y ahora estaba pagando el precio.
Esa noche, bajo el puente de Brooklyn, tomó una decisión. Saltaría lejos, lejos de la ciudad, de cualquier lugar que pudiera rastrearse. Podía ir a cualquier parte del mundo, pero su mente seguía atrapada en un lugar: Stanville.
No quería regresar. Pero había algo allí, algo que necesitaba enfrentar antes de poder seguir adelante.
Con un suspiro pesado, cerró los ojos, y el puente desapareció bajo sus pies.