Jumper
Jumper Davy no respondió. Su cuerpo entero temblaba.
—Pensé que estabas muerto —dijo su padre, levantándose con dificultad. Su aliento apestaba a licor, pero sus ojos estaban llenos de algo que Davy no reconocÃa: arrepentimiento.
—No estoy aquà por ti —respondió finalmente, con la voz más firme de lo que esperaba.
Su padre soltó una carcajada amarga.
—Claro que no. Nunca estuviste.
La rabia que Davy habÃa enterrado durante meses salió de golpe.
—¿Y de quién fue la culpa? ¿Quién convirtió mi vida en un infierno? ¡Tú me obligaste a irme!
—¡No tenÃas que irte! —bramó su padre, tambaleándose hacia él—. ¡Eras mi hijo! ¡TenÃas que quedarte!
—¡Y dejar que me mataras a golpes? No, gracias.
Los dos se quedaron mirándose, respirando con dificultad, atrapados en el pasado que ninguno podÃa cambiar. Finalmente, su padre se dejó caer en el sofá, con la cabeza entre las manos.
—No tienes idea de cómo me he castigado desde que te fuiste —dijo en un susurro apenas audible.