Jumper
Jumper En los días que siguieron, comenzó a notar cosas. Personas que parecían estar donde no deberían. Un coche que lo seguía a una distancia constante mientras caminaba por el pueblo. Una mujer con gafas oscuras que se sentaba en el restaurante del motel todos los días, pero nunca pedía más que una taza de café.
Finalmente, la confrontación llegó. Una noche, mientras intentaba dormir, escuchó pasos en el pasillo del motel. Era tarde, y no había razón para que alguien estuviera allí. Se levantó de la cama y se asomó por la mirilla de la puerta. Tres hombres de aspecto profesional, con trajes oscuros y audífonos en los oídos, se acercaban.
—Está en la habitación 12 —dijo uno de ellos en un susurro.
El pánico lo envolvió como una corriente eléctrica. Cerró los ojos y se concentró en un lugar al azar, un recuerdo vago de un acantilado que había visto en una postal. Cuando abrió los ojos, el aire salado del océano lo llenaba todo, y estaba de pie en el borde de un precipicio.
Miró a su alrededor, el corazón aún golpeando contra su pecho. Había saltado de nuevo, pero esta vez, no era solo para escapar. Había algo claro: alguien sabía lo que podía hacer.