Aventuras de un cadaver

Aventuras de un cadaver

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Estoy por asegurar que ninguno de mis lectores ha leído la novela de E. H. B., titulada: ¿Quién atrasó el reloj?, que figuró durante varios días en los escaparates de los libreros, desapareciendo al fin de la superficie del globo. ¿Qué es de los libros una semana o dos después de su publicación? ¿Adónde van a parar? ¿A qué uso se los destina? Son éstos otros tantos problemas que me han atormentado en mis noches de insomnio. Lo cierto es que nadie que yo conozca ha leído ¿Quién atrasó el reloj?, por E. H. B. Sin embargo, he podido asegurarme de que hoy día no existen más que tres ejemplares de esta obra. Uno se halla en la biblioteca del British Museum, y no estará al alcance del público a causa de un error de inscripción en el catálogo. El otro se halla en los desvanes de la biblioteca del Colegio de abogados de Edimburgo y, por último, el tercero, encuadernado en cuero, pertenece al señor Gideon Forsyth. Para explicar esta posesión, supondrán los lectores que Gideon es un gran admirador de la citada novela. Puedo asegurarles que no se equivocan en esta suposición. En efecto, Gideon sigue admirando aún la indicada novela; y la admira y la quiere con cariño enteramente paternal, porque es precisamente su autor. La firmó con las iniciales de su tío, Edward Hugh Bloomfield, pero él solo la escribió de cabo a rabo. Antes de la publicación se preguntó a sí mismo si no obraría con prudencia confiando, por lo menos a algunos amigos, el secreto de su paternidad; pero después de la publicación, y en vista del fracaso horroroso que sufrió, la modestia del joven novelista se hizo más excesiva y, a no ser por la revelación que hoy hago yo, hubiera quedado para siempre desconocido el nombre del autor de esta obra notable.


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