Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver El maestro Jimson
El señor Edward Hugh Bloomfield había anunciado su propósito de dirigirse con su yate hacia Maidenhead; así que a nadie llamará la atención que el maestro Jimson tomase la dirección opuesta. Cerca del gracioso pueblecito ribereño de Padwick, recordaba haber visto un antiguo pabellón levantado sobre estacas y al que daba poético abrigo un bosquecillo de sauces. Cuando en sus partidas de canoaje pasaba cerca de él, siempre le había seducido por su aspecto de abandono y de soledad; es más, había tenido intención de colocar allí una de las escenas de ¿Quién atrasó el reloj?, pero había tenido que renunciar, en el último instante, a su proyecto por las dificultades imprevistas que le había ofrecido la necesidad de una descripción apropiada al encanto de aquel sitio. Había renunciado a ello y ahora se alegraba de su renuncia al pensar en que iba a poderse servir del pabellón para un empleo infinitamente más serio.
Jimson, personaje de aspecto bastante vulgar, pero de modales por demás insinuantes, consiguió fácilmente que el propietario del pabellón se lo alquilase por un mes. Convenido el precio del alquiler, que era bastante insignificante, Jimson pagó de antemano una parte, recibió a cambio la llave y se apresuró a volver a Londres para ocuparse en el transporte del piano.
