Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver Sentóse, limpió lo mejor que pudo la mitad de la mesa y empezó a comerse el almuerzo fiambre que contenía el cesto. En previsión de posibles pesquisas acerca de la suerte de Jimson, había creído indispensable no dejarse ver; de suerte que había resuelto pasar el día entero sin salir del pabellón. Además, a fin de dar visos de verosimilitud a su fábula, había llevado en su maleta no sólo tinta y plumas, sino un enorme cuaderno de papel de música, de los más grandes que había podido hallar.
—¡Ahora manos a la obra! —se dijo luego que hubo satisfecho su apetito—. Es preciso que deje huellas de la actividad de mi personaje.
Después escribió con magnífica letra redonda:
ORANGE PEKOE
Op. 17
J. B. JIMSON
Partitura para piano y canto