El Diablo de la botella
El Diablo de la botella –Es muy hermosa esta casa mÃa –dijo el hombre, suspirando amargamente–. ¿No le gustarÃa ver las habitaciones?
Y asà fue como Keawe recorrió con él la casa, desde el sótano hasta el tejado; todo lo que habÃa en ella era perfecto en su estilo y Keawe manifestó su gran admiración.
–Esta casa –dijo Keawe– es en verdad muy hermosa; si yo viviera en otra parecida, me pasarÃa el dÃa riendo. ¿Cómo es posible, entonces, que no haga usted más que suspirar?
–No hay ninguna razón –dijo el hombre–, para que no tenga una casa en todo semejante a ésta, y aún más hermosa, si asà lo desea. Posee usted algún dinero, ¿no es cierto?
–Tengo cincuenta dólares –dijo Keawe–, pero una casa como ésta costará más de cincuenta dólares.
El hombre hizo un cálculo.
–Siento que no tenga más –dijo–, porque eso podrÃa causarle problemas en el futuro, pero será suya por cincuenta dólares.
–¿La casa? –preguntó Keawe.