El Diablo de la botella
El Diablo de la botella Le pareció que llevaba ya mucho rato esperando cuando oyó que alguien se acercaba, cantando por la avenida todavía a oscuras. Reconoció en seguida la voz del contramaestre; pero era extraño que repentinamente diera la impresión de estar mucho más borracho que antes. El contramaestre en persona apareció poco después, tambaleándose, bajo la luz del farol. Llevaba la botella del diablo dentro de la chaqueta y otra botella en la mano; y aún tuvo tiempo de llevársela a la boca y echar un trago mientras cruzaba el círculo iluminado.
–Ya veo que la has conseguido –dijo Keawe.
–¡Quietas las manos! –gritó el contramaestre, dando un salto hacia atrás–. Si te acercas un paso más te parto la boca. Creías que ibas a poder utilizarme, ¿no es cierto?
–¿Qué significa esto? –exclamó Keawe.
–¿Qué significa? –repitió el contramaestre–. Que esta botella es una cosa extraordiaria, ya lo creo que sí; eso es lo que significa. Cómo la he conseguido por dos céntimos es algo que no sabría explicar; pero sí estoy seguro de que no te la voy a dar por uno.
–¿Quieres decir que no la vendes? –jadeó Keawe.
–¡Claro que no! –exclamó el contramaestre–. Pero te dejaré echar un trago de ron, si quieres.