Fabulas
Fabulas —¡Pues ya quisiera yo haber sido menos afortunado! —dijo Jack—. Si hubiera nacido ignorante, ahora podrÃa andar con libertad, pues no se puede negar que los grilletes son incómodos y que las llagas duelen.
—¡Ah! —exclamó su tÃo—. ¡No envidies a los paganos! ¡El suyo es un destino muy triste! ¡Pobres hombres que no conocen la dicha de llevar las cadenas! Mi corazón padece por esos desgraciados. Aunque lo cierto es que son viles, detestables, insolentes, holgazanes, bestias apestosas, criaturas infrahumanas, pues ¿qué es un hombre sin grilletes? CuÃdate mucho de acercarte a hablar con ellos.
Tras esta conversación, el muchacho no perdÃa la ocasión de escupir o de insultar a los que iban sin grilletes cada vez que se cruzaba con alguno, como tenÃan por costumbre los niños de aquel paÃs.
Sucedió un dÃa, cuando Jack tenÃa quince años, que se adentró en los bosques y la llaga empezó a dolerle. Era un dÃa claro, de cielo azul, y todos los pájaros cantaban al unÃsono. Jack se detuvo para cuidar de su pie. Entonces oyó otro canto: parecÃa una voz humana, sólo que era mucho más alegre. A la par se oyó un golpe en el suelo. Jack retiró el follaje y vio a un muchacho de su mismo pueblo, saltando, bailando y cantando en una verde hondonada. Los grilletes del bailarÃn descansaban sobre la hierba.