Fabulas

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«Es extraño —se dijo—, que en casa del hechicero haya comida tan saludable».

Seguía comiendo cuando vio entrar en la habitación a su tío en persona, y tuvo miedo, por haber cogido la espada. Pero el catequista se mostró más amable que nunca, se sentó a comer con él y lo elogió por haberse llevado la espada. Jamás habían pasado los dos un rato tan agradable juntos, y Jack se sentía rebosante de amor por su tío.

—Has hecho muy bien —dijo el catequista— en coger la espada y venir por tu propio pie a la casa de Eld. Un buen pensamiento y una acción valerosa. Ahora que ya estás satisfecho, podemos volver a casa a cenar cogidos del brazo.

—¡No, por favor! —dijo Jack—. Todavía no estoy satisfecho.

—¿Cómo? —protestó su tío—. ¿No te ha calentado este fuego? ¿No te han nutrido estos alimentos?

—Veo que esta comida es muy saludable —respondió el muchacho—, pero eso sigue sin demostrar que un hombre tenga que llevar grilletes en el pie derecho.

A lo cual, la aparición de su tío glugluteó como un pavo.

—¡Por Júpiter! —exclamó Jack—. ¿Es el hechicero?


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