Fabulas
Fabulas LA PIEDRA DE TOQUE
EL REY era un hombre que sabÃa mostrarse ante el mundo. Su sonrisa era dulce como el trébol, aunque su alma no era más grande que un guisante. TenÃa dos hijos, por el menor de los cuales sentÃa un gran afecto, mientras que al mayor lo temÃa. Sucedió un dÃa que los tambores redoblaron en la oscuridad, antes de rayar el alba, y el Rey partió a caballo con sus dos hijos y un séquito de valientes. Cabalgaron por espacio de dos horas y llegaron a los pies de una montaña marrón, muy empinada.
—¿Por dónde avanzamos? —preguntó el hijo mayor.
—Cruzaremos esa montaña marrón —dijo el Rey, sonriendo para sus adentros.
—Mi padre sabe lo que se hace —señaló el hijo menor.
Y cabalgaron otras dos horas hasta alcanzar las orillas de un rÃo negro y asombrosamente profundo.
—¿Por dónde avanzamos?
—Atravesaremos ese rÃo negro —dijo el Rey, sonriendo para sus adentros.
—Mi padre sabe lo que se hace —señaló el hijo menor.
Cabalgaron el dÃa entero y, a eso del atardecer llegaron a orillas de un lago, donde se alzaba un castillo.
