Fabulas
Fabulas El hijo mayor se puso en pie y se dirigió al Rey que era sacerdote, llamándole padre.
—Pues tanto si llego a casarme con su hija como si no, asà le llamaré, por el amor que me inspira su sabidurÃa. Y en este mismo instante me dispongo a partir y a recorrer el mundo en busca de la piedra de toque. —De esta manera se despidió y salió a cabalgar por el mundo.
—Creo que yo también iré, si tengo tu permiso —dijo el hermano menor—. Mi corazón suspira por esta muchacha.
—Tú vendrás a casa conmigo —dijo su padre.
Volvieron a casa, y una vez allÃ, el Rey le mostró a su hijo su tesoro.
—Ésta es la piedra de toque que confirma la verdad, pues no existe verdad sino la pura verdad. Y si miras en su interior, te verás tal como eres.
El hijo menor miró en el interior de la piedra, vio su rostro como el semblante de un joven imberbe y quedó más que complacido, pues la piedra era un trozo de espejo.
—No me parece que este objeto merezca tanto esfuerzo —pensó—, pero si con ello consigo a la muchacha, no habré de quejarme. ¡Mira que es tonto mi hermano, que ha salido a buscar por todo el mundo cuando la piedra ha estado siempre en casa!