Fabulas
Fabulas —Sé franco —dijo el pescador—. Dime tu nombre y háblame de tu naturaleza.
—Mi nombre —respondió el otro— aún no se ha nombrado, y mi naturaleza es todavÃa incierta. Pues soy parte de un hombre, y fui parte de tus antepasados, y salà a pescar y a pelear con ellos en épocas pasadas. Pero mi tiempo aún está por llegar: debo esperar hasta que tengas una esposa, y entonces seré tu hijo, y seré una parte valiente de él, y con viril regocijo lanzaré mi embarcación a las olas, y la gobernaré con destreza, y seré un hombre de valÃa allá donde el cÃrculo se cierra y se dirigen los vientos.
—Esto es extraordinario —dijo el pescador—. Si de verdad vas a ser mi hijo, temo que no tengas suerte, pues soy paupérrimo en bienes y feÃsimo de rostro, y jamás tendré una esposa, aun cuando llegase a vivir hasta la edad de las águilas.
—Todo eso he venido a remediar, padre mÃo —dijo el pobre infeliz—. Esta noche iremos a la pequeña isla de los corderos, donde yacen nuestros antepasados en el túmulo de los muertos, y mañana a la casa del conde, donde con mi ayuda encontrarás esposa.