Fabulas
Fabulas —Aquà está mi doncella. Está cansada del viento. Obra un prodigio con ella.
Y al punto la doncella cayó sobre la arena como un puñado de hojas muertas, y el viento las hizo girar en sentido contrario a las agujas del reloj, y una pulga brincó entre las hojas.
—Es cierto —dijo la princesa—. Eres el que habÃa de llegar y tienes poder sobre la hora presente. Ven conmigo a mi casa de piedra.
Echaron a andar por la orilla del mar, mientras el hombre tocaba la canción del dÃa de mañana y las hojas los acompañaban en su camino. Después se sentaron los dos juntos. El mar rompÃa en la terraza y las gaviotas gritaban alrededor de las torres y el viento susurraba en las chimeneas de la casa.
Nueve años pasaron sentados, y cada año, cuando llegaba el otoño, el hombre decÃa: «Ésta es la hora y tengo poder sobre ella». Y la hija del Rey contestaba: «No, pero tócame la canción del dÃa de mañana». Y el hombre la tocaba, y era larga como años.