La Flecha negra
La Flecha negra —Ahora, Kit —dijo a este último—, llévate a tus hombres al ángulo de la tapia más cercana a la playa. Colócalos de modo que puedan resistir y espera hasta que oigas atacar por el otro lado. Quisiera asegurarme de los que están frente al mar, porque entre ellos debe estar el jefe. Los demás huirán; déjalos que corran. Y vosotros, muchachos, no disparéis ni una sola flecha, porque no conseguiréis más que herir a nuestros amigos. ¡Echad mano al cuchillo y duro con él! Si vencemos, os prometo a cada uno de vosotros un noble de oro, en cuanto entre yo en posesión de mi herencia.
De la singular colección de descamisados, ladrones, asesinos y campesinos arruinados que Duckworth habÃa reunido para que fueran sus instrumentos de venganza, los más audaces y expertos en andanzas guerreras se ofrecieron voluntarios para seguir a Richard Shelton. El servicio de vigilancia de los movimientos de sir Daniel en la ciudad de Shoreby les pareció tan fastidioso que por fin comenzaron a quejarse en voz alta, amenazando con disolver la partida. La perspectiva de un violento encuentro y el probable botÃn les devolvió el buen humor, y alegremente se prepararon para la batalla.