La Flecha negra
La Flecha negra —Pero ¿no sois vos pupilo de sir Daniel? SÃ, sois el hijo de Harry Shelton, que asà lo oà decir —dijo lord Foxham.
—¿Quisierais concederme, milord, el favor de desmontar? DesearÃa explicaros detalladamente quién soy, cuál es mi situación y por qué soy tan atrevido en mis demandas. Os ruego, milord, que os sentéis en estos peldaños, que me oigáis hasta el fin y me juzguéis después con benevolencia.
Diciendo asÃ, Dick tendió una mano a lord Foxham para ayudarle a desmontar, le condujo por el montÃculo hasta la cruz, le instaló en el sitio en que antes habÃa estado sentado él y, quedándose respetuosamente en pie ante su noble prisionero, le contó la historia de sus andanzas hasta los acontecimientos de la noche anterior.
Lord Foxham le escuchó gravemente, y cuando hubo terminado Dick, dijo: