La Flecha negra
La Flecha negra Su joven compañero (en quien el lector ya habrá reconocido a Dick Shelton) se habÃa sentado algo más atrás, y poco a poco fue apartándose. Escuchaba, en verdad, atentamente; pero no despegaba los labios, y, por la grave expresión de su semblante, no parecÃa hacer mucho caso de las bromas de su compañero.
Al fin, su vista, que vagaba inquieta continuamente, observando todas las entradas de la casa, se iluminó al ver una pequeña comitiva que penetraba por la puerta principal y cruzaba el patio en dirección oblicua. Dos damas, embozadas en gruesas pieles, abrÃan la marcha; las seguÃan un par de camareras y cuatro fornidos hombres de armas. Un momento después desaparecieron en el interior de la casa y Dick, deslizándose entre la muchedumbre de haraganes reunidos en el cobertizo, siguió sus pasos ansiosamente.
La más alta de las dos es lady Brackley —pensó— y donde está lady Brackley no andará muy lejos Joanna.