La Flecha negra
La Flecha negra —¿No os hablé yo, milord —dijo sir Daniel—, de esa maldita Flecha Negra? ¡Ahà tenéis una prueba! Clavada está y, ¡por la cruz!, compadre, sobre uno de los vuestros o de alguien que robó uno de vuestros uniformes.
—Realmente, era uno de mis hombres —contestó lord Shoreby, echándose hacia atrás—. Muchos como éste quisiera tener. Era listo como un sabueso y discreto como un topo.
—¿De veras, compadre? —preguntó con aguda intención sir Daniel—. ¿Y qué venÃa a olisquear a estas alturas en mi pobre casa? Pero ya no volverá a olfatear nada más.
—Con vuestro permiso, sir Daniel —dijo uno—, aquà hay un papel con algo escrito, clavado sobre su pecho.
—Dádmelo con flecha y todo —ordenó el caballero.
Y cuando tuvo en su mano la saeta, se quedó un rato contemplándola, como sumido en sombrÃa meditación.