La Flecha negra
La Flecha negra —Nada de eso, master Bennet. Y hazme el favor de no propasarte. Yo he de hacer que resplandezca mi inocencia. No permitiré perder la vida bajo el peso de una calumnia. Pongo a todos por testigos de que nada tengo que ver en este asunto. Ni siquiera estaba entonces en Moat House. Precisamente me habÃan mandado a un recado antes de las nueve de la noche…
—Sir Oliver —interrumpió Bennet—, puesto que, por lo visto, no queréis acabar este sermón, acudiré a otro medio. Goffe, toca llamada. ¡A caballo!
Y mientras sonaba el toque de corneta, Bennet se acercó al sorprendido cura y le susurró al oÃdo, acompañándose de violentos ademanes.
Dick Shelton vio cómo los ojos del cura se fijaron un instante en él con una mirada de asombro. Motivos tenÃa de inquietud, pues aquel Harry Shelton era su propio padre natural. Pero sus labios permanecieron mudos y su rostro impasible.