La Flecha negra
La Flecha negra Tom y Pirret le siguieron dando voces; salieron de todas las tabernas gentes que, atraídas por los gritos, se les unieron; al poco rato, toda una turba de marineros corría en su persecución. Pero el marinero en tierra resulta mal corredor, y tal era en el siglo XV, y Dick además les llevaba buena delantera, que aumentó rápidamente, tanto que al llegar cerca de una angosta callejuela se atrevió hasta a pararse y miró hacia atrás, riéndose.
Sobre la blanca alfombra de nieve corrían cuantos marineros había en Shoreby, apiñados todos, formando una mancha borrosa, con algunas colas de rezagados que les seguían en grupos aislados. Todos vociferaban y gesticulaban agitando los brazos en el aire; algunos tropezaban, y para completar el cuadro, al caerse uno, una docena más iban a caer también sobre él.