La Flecha negra
La Flecha negra Una hora después, cuando el último marinero regresaba, refunfuñando, hacia el puerto y se metía en su taberna favorita, si alguien le hubiera preguntado qué clase de hombre perseguía, habría tenido que contestar que, si lo supo, lo había olvidado.
A la mañana siguiente, muchas eran las extrañas historias que corrían de boca en boca, y, poco después, la leyenda de que el diablo había hecho una visita nocturna a Shoreby pasaba como artículo de fe entre los muchachos de Shoreby.
Pero el regreso al puerto del último marinero no bastó para que pudiera librarse Shelton de su fría prisión del portal.
Reinó aún, durante algún tiempo, gran actividad entre las patrullas, y salieron partidas especiales a hacer la ronda del lugar y llevar noticias de lo ocurrido a algunos de los grandes lores, cuyo sueño había sido interrumpido de manera tan insólita.
Muy avanzada andaba ya la noche cuando Dick se aventuró a salir de su escondite y llegó sano y salvo, pero dolorido el cuerpo por el frío y los golpes recibidos, a la puerta de La Cabra y la Gaita.