La Flecha negra
La Flecha negra Conforme mandaba la ley, no había ya en la casa ni fuego ni luz, pero a tientas llegó hasta un rincón del helado cuarto que servía de posada; halló allí una manta que se echó en los hombros y, arrastrándose hasta ponerse al lado del más próximo durmiente, pronto le venció el sueño.