La Flecha negra
La Flecha negra —Señora, no sabéis lo que decÃs —replicó Dick—. Estáis herida…
—No lo estoy —repuso ella—. Fue a mi caballo al que mataron.
—No importa en lo más mÃnimo —respondió Richard—. Os halláis en medio de la nieve y rodeada de enemigos. Queráis o no, os llevo conmigo. Y me alegro de que se me presente esta ocasión, porque asà pagaré parte de la deuda que tengo con vos.
Guardó ella silencio durante breve rato. Luego, de pronto, preguntó:
—¿Y mi tÃo?
—¿Milord de Risingham? —contestó Dick—. Quisiera poder daros buenas noticias, señora; pero no tengo ninguna. Una vez le vi en la batalla, sólo una vez. Esperemos que nada malo le haya ocurrido.