La Flecha negra

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8. Conclusión

A ESO de las nueve de la mañana, conducía lord Foxham a su pupila, vestida esta vez más como correspondía a su sexo y seguida de Alicia Risingham, a la iglesia de Holywood, cuando Richard Crookback, fruncido ya el entrecejo por las inquietudes, se cruzó en su camino y se detuvo.

—¿Es ésta la doncella? —preguntó. Y cuando lord Foxham hubo contestado afirmativamente, añadió—: Hermosa, levantad el rostro un momento para que pueda yo contemplar vuestra belleza.

La miró un momento con agria expresión.

—Sois hermosa —dijo al cabo—, y, según me dicen, con buena dote. ¿Qué os parecería si os ofreciera yo un magnífico casamiento como corresponde a vuestro bello rostro y a vuestra alcurnia?

—Milord duque —replicó Joanna—, si no ha de ser desagradable a vuestra excelencia, preferiría casarme con sir Richard.

—¿Cómo es eso? —preguntó él con aspereza—. Casaos con el hombre que yo os diga, y antes de esta noche él será milord y vos milady. Porque, permitidme que os lo diga francamente, sir Richard morirá sin haber sido nunca más que sir Richard.

—Nada más le pido al cielo, milord, que morir siendo la esposa de sir Richard —replicó Joanna.


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