La Flecha negra
La Flecha negra —Tomad por el atajo del molino —contestó en el mismo tono Dick—. Os conducirá hasta el embarcadero de Till, y allà preguntad de nuevo.
Y sin volver la cabeza, prosiguió devorando su comida. Mas con el rabillo del ojo lanzó una rápida mirada al mozalbete, llamado master John, que, arrastrándose furtivamente, salÃa de la estancia.
Vaya —pensó Dick—. ¡Si es tan joven como yo! Y me ha llamado «buen muchacho». De haberlo sabido, habrÃa dejado que ahorcaran a ese pÃcaro antes que decirle lo que me preguntaba. Bueno, si logra atravesar los pantanos, puedo alcanzarle para darle un buen tirón de orejas.
Media hora después entregaba sir Daniel la carta a Dick, ordenándole que, a toda carrera, partiera para Moat House. Y pasada otra media hora más de su partida, llegaba precipitadamente otro mensajero enviado por el señor de Risingham.
—Sir Daniel —dijo el mensajero—. ¡Grande es la gloria que os estáis perdiendo! Esta mañana, al apuntar el alba, volvimos a la lucha y derrotamos a la vanguardia y deshicimos toda su ala derecha. Sólo el centro de la batalla se mantuvo firme. Si hubiéramos contado con vuestros hombres, habrÃamos dado con todos en el fondo del rÃo. ¿Queréis ser el último en la lucha? No estarÃa ello al nivel de vuestra fama.