La Flecha negra
La Flecha negra —No —exclamó el caballero—. Precisamente ahora iba a salir. ¡Toca llamada, Selden! Señor, estoy con vos al instante. Aún no hace dos horas que llegó la mayor parte de mis fuerzas. La espuela es un buen pienso, pero puede matar al caballo. ¡Aprisa, muchachos!
El toque de llamada resonaba alegremente en aquella hora matinal, y de todas partes acudÃan los hombres de sir Daniel hacia la calle principal, formando delante de la posada. HabÃan dormido sin dejar sus armas, ensillados los caballos, y a los diez minutos cien hombres y arqueros, perfectamente equipados y bien disciplinados, se hallaban formados y dispuestos. La mayor parte vestÃa el uniforme morado y azul de sir Daniel, lo que daba mayor vistosidad a la formación. Cabalgaban en primera lÃnea los mejor armados; en el lugar menos visible, a la cola de la columna, iba el misérrimo refuerzo de la noche anterior.
Contemplando con orgullo las largas filas, dijo sir Daniel:
—Ésos son los muchachos que habrán de sacaros del aprieto.
—Buenos han de ser, a juzgar por su aspecto —respondió el mensajero—. Por eso es mayor mi pesadumbre de que no hayáis partido más pronto.