La Flecha negra
La Flecha negra —¡Pobre de mÃ, me cogerán! —exclamó el fugitivo—. ¡Por amor de Dios, buen Dick, ayudadme, aunque sólo sea un poco!
—Pero… ¿qué os pasa? —dijo Dick—. ¡Más de lo que os estoy ayudando! ¡Qué pena me da ver a un muchacho tan acobardado! ¡Escuchad, John Matcham, si es que os llamáis John Matcham; yo, Richard Shelton, pase lo que pase, suceda lo que suceda, os pondré a salvo en Holywood! ¡Que el cielo me confunda si falto a mi palabra! ¡Vamos, ánimo, señor Carapálida! El camino es ya aquà algo mejor. ¡Meted espuelas al caballo! ¡Al trote largo! ¡A escape! No os preocupéis por mÃ, que yo corro como un gamo.
Marchando al trote largo, en tanto Dick corrÃa sin esfuerzo a su lado, cruzaron el resto del pantano y llegaron a la orilla del rÃo, junto a la choza del barquero.