La Isla del tesoro
La Isla del tesoro —No me gustan, señor —repuso el capitán Smollett—, y ya que hablamos del tema, creo que tendrÃa que haber sido yo el que eligiera a mi propia tripulación.
—Puede que tengáis razón —replicó el doctor—. Tal vez mi amigo tendrÃa que haberos llevado con él a la hora de contratar; pero la ofensa, si es que la hubo, no fue intencionada. ¿Y tampoco os gusta el señor Arrow?
—No, señor. Creo que es un marinero competente. Pero le da demasiadas confianzas a la tripulación para ser un buen oficial. La oficialÃa debe saber hacerse respetar y no ha de beber con la marinerÃa.
—¿Estáis insinuando que bebe? —exclamó el caballero.
—No, señor —replicó el capitán—; solo que da demasiadas confianzas.
—Está bien; abreviando, capitán, ¿qué es lo que queréis decirnos?
—Señores, ¿estáis decididos a emprender esta travesÃa?
—Totalmente —respondió el caballero.