La Isla del tesoro
La Isla del tesoro —¡Qué más da quién haya sido! —intervino el doctor.
Y comprendà que ni él ni el capitán se tomaban muy en serio las protestas del señor Trelawney. Ni yo tampoco, a decir verdad, porque solÃa hablar más de la cuenta; aunque en este caso creo que tenÃa razón y que ninguno habÃamos revelado la situación de la isla.
—Muy bien, caballeros —continuó el capitán—. No sé quién tiene ese mapa. Pero insisto: ni yo mismo ni el señor Arrow debemos verlo. De lo contrario, os pedirÃa que aceptarais mi dimisión.
—Ya veo —dijo el doctor—, deseáis llevar el asunto con la máxima discreción, convertir la popa del barco en un fortÃn defendido por la gente de confianza de mi amigo y provisto con todas las armas y la pólvora que haya a bordo. En otras palabras, teméis un motÃn.