La Isla del tesoro
La Isla del tesoro —Señor —dijo el capitán Smollett—, no quiero ofenderos, pero no tenéis derecho a poner en mi boca palabras que no he pronunciado. Ningún capitán que se precie de serlo se harÃa a la mar si tuviera motivos fundados para decir algo asÃ. En cuanto al señor Arrow, estoy convencido de que es un hombre honrado; también lo son algunos de los marineros, quizás incluso todos; pero soy responsable de la seguridad de la nave y de la vida de todo aquel que vaya a bordo. Y me parece a mà que las cosas no van por buen camino. Sólo os pido que toméis ciertas precauciones o que aceptéis mi dimisión; eso es todo.
—Capitán Smollett —empezó a decir el doctor con una sonrisa—, habéis oÃdo alguna vez la fábula del ratón y la montaña[22]. Me perdonaréis si os digo que me recordáis dicha fábula. Me apuesto la peluca a que, cuando os presentasteis aquÃ, era por algo más que esto.
—Doctor —repuso el capitán—, sois muy sagaz. Cuando entré aquà tenÃa el propósito de presentar mi dimisión. Nunca pensé que el señor Trelawney estuviera dispuesto a escuchar una sola palabra.
—Y no lo estaba —exclamó el caballero—. De no haber estado aquà el doctor Livesey os habrÃa enviado al diablo. El caso es que os he escuchado. Haré lo que deseáis, pero no puedo decir que os tenga simpatÃa.