La Isla del tesoro
La Isla del tesoro —No la valdrá para los tontos, tenlo por seguro, ni eso ni nada —exclamó Silver—. Pero escucha lo que te digo: no eres más que un jovenzuelo, pero más listo que el hambre. Me di cuenta en cuanto te eché el ojo encima, y te hablaré como si fueras un hombre.
Podéis imaginaros lo que sentà cuando oà a aquel abominable granuja dirigirse a otra persona exactamente en los mismos términos de adulación que habÃa empleado conmigo. Creo que, si hubiera podido, le habrÃa matado con tonel por medio y todo. Pero el otro siguió hablando, sin darse cuenta ni por lo más remoto de que le estaba oyendo.