La Isla del tesoro
La Isla del tesoro En aquel preciso instante, un proyectil pasó rugiendo y silbando por encima del tejado de la cabaña y se estrelló a bastante distancia, en el bosque.
—¡Ajajá! —exclamó el capitán—. ¡Más cañonazos! ¿Acaso os sobra la pólvora, muchachos?
Al segundo intento ajustaron más el tiro y la bala fue a parar dentro del fortÃn, levantando una nube de arena, pero no causó mayores daños.
—Capitán —dijo el caballero—, desde el barco no se ve la cabaña. Seguramente estarán apuntando a la bandera. ¿No serÃa más prudente meterla dentro?
—¡Arriar la bandera! —exclamó el capitán—. ¡No, señor, eso sà que no lo consiento!
Y en cuanto hubo dicho aquellas palabras, todos estuvimos de acuerdo con él, pues además de ser un alarde de orgullo marinero, era también una buena medida, ya que demostraba a nuestros enemigos que despreciábamos su ofensiva.