La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Transcurrió una hora.
—¡Mal rayo los parta! —gritó el capitán—. ¡Menuda calma chicha! Gray, silba para que corra el aire.
En aquel preciso instante nos llegaron las primeras señales del ataque.
—Señor —preguntó Joyce—, ¿si veo a alguien, disparo?
—¡Ya te lo he dicho! —exclamó el capitán.
—Gracias, señor —replicó Joyce con el respeto y la cortesÃa de siempre.
Pasó algún tiempo sin que sucediera nada; pero su observación nos habÃa puesto alerta y aguzamos el oÃdo y la vista; los hombres balanceaban los mosquetes en la mano y el capitán estaba plantado en el centro de la cabaña, con los labios tensos y el ceño fruncido.