La Isla del tesoro
La Isla del tesoro A otro pirata le habían alcanzado cuando estaba junto a una tronera, disparando hacia el interior de la cabaña, y ahora estaba tendido en el suelo, agonizando, empuñando la pistola todavía humeante. Acababa de ver cómo el doctor derribaba a otro de un machetazo. O sea que, de los cuatro que habían saltado la empalizada, solo quedaba uno; y este había soltado el machete y se disponía a volver a saltar la empalizada muerto de miedo.
—¡Fuego! ¡Disparad desde dentro! —gritó el doctor—. Y vosotros, muchachos, poneos a cubierto.
Pero nadie obedeció sus órdenes ni se disparó ningún tiro, y el último asaltante logró huir y desapareció con los demás en la espesura.
En tres segundos, lo único que quedaba de la expedición ofensiva eran los cinco caídos, cuatro en el interior del fortín y uno fuera.
El doctor y Gray corrieron a toda velocidad a refugiarse en la cabaña.
Seguramente los supervivientes llegarían enseguida a donde habían dejado los mosquetes y en cualquier momento podían volver a abrir fuego.