La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Para entonces, ya se habÃa desvanecido bastante el humo del interior de la casa y de un vistazo pudimos sopesar el precio que habÃamos pagado por la victoria. Hunter yacÃa sin sentido al pie de su tronera; Joyce estaba junto a la suya, con un tiro en la cabeza, herido de muerte; y, en el medio de la cabaña, el caballero sostenÃa al capitán, ambos pálidos como la cera.
—El capitán está herido —dijo el señor Trelawney.
—¿Han salido corriendo? —preguntó el señor Smollett.
—Como gamos, no os quepa la menor duda —replicó el doctor—. Pero cinco de ellos ya no volverán a correr jamás.
—¡Cinco! —exclamó el capitán—. Eso es una buena noticia. Cinco contra tres nos deja en cuatro contra nueve. Una proporción mucho más favorable que la que tenÃamos al principio. Entonces éramos siete contra diecinueve, o al menos eso creÃamos, cosa que resultaba igualmente desmoralizadora[35].