La Isla del tesoro
La Isla del tesoro —¿Herido? ¡Paparruchas! —replicó el doctor—. Está tan herido como cualquiera de nosotros. Este hombre ha sufrido una apoplejÃa; ya se lo tenÃa advertido. Y ahora, señora Hawkins, id arriba junto a vuestro marido y, si es posible, que no se entere de nada de esto. Por lo que a mà respecta, he de poner todos los medios a mi alcance para salvar la vida triplemente inútil de este individuo; y tú, Jim, tráeme una jofaina.
Cuando volvà con la jofaina, el doctor ya le habÃa rasgado la manga al capitán, dejando al descubierto su gran brazo sarmentoso, que mostraba varios tatuajes. En el antebrazo podÃa leerse, escrito en letra muy clara: «La suerte me sonrÃe», «Viento de bonanza» y «El amor de Billy Bones». Cerca del hombro llevaba el dibujo de una horca con un ahorcado, representado, a mi entender, con mucho realismo.
—¡Profético! —dijo el doctor, pasando el dedo por encima del dibujo—. Y ahora, maese Billy Bones, si es que ese es vuestro nombre, vamos a ver de qué color tenéis la sangre. Jim, ¿te da miedo la sangre?
—No, señor —le contesté.
—Muy bien —dijo el doctor—; entonces sostén la jofaina.
Y diciendo estas palabras, cogió la lanceta y le abrió una vena.