La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Desde luego que no habÃa prisa. Pudimos ver cómo los tres supervivientes seguÃan corriendo por una zona más despejada de la meseta, en la misma dirección que habÃan tomado al principio, derechos hacia el cerro de la Mesana. Nosotros ya estábamos entre ellos y los botes; con tal motivo, los cuatro nos sentamos a recobrar aliento, mientras John el Largo venÃa lentamente hacia nosotros enjugándose el sudor de la frente; al llegar dijo:
—Muchas gracias, doctor; creo que aparecisteis en el momento justo, para mà y para Hawkins. ¡Conque eras tú, Ben Gunn! —añadió—. Pues menudo pájaro estás hecho, desde luego.
—Soy Ben Gunn, soy yo —dijo el marinero abandonado, retorciéndose como una anguila de puros nervios; y después de una larga pausa añadió—: Y vos… ¿cómo estáis, señor Silver? Muy bien, muchas gracias, ¿verdad?
—Ben, Ben… —murmuró Silver—, y pensar que me la has jugado.