La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Aquella mañana, sabiendo que yo iba a estar presente en el momento en que los amotinados sufrieran la terrible decepción que les aguardaba, habÃa corrido hasta la cueva y, tras encargar al caballero que cuidara del capitán, se habÃa llevado a Gray y al marinero abandonado para atravesar la isla en diagonal en dirección al pino. Sin embargo, el doctor no tardó en darse cuenta de que les llevábamos ventaja; entonces envió por delante a Ben Gunn, que tenÃa alas en los pies, para que nos retuviera como pudiera él solo. A este se le ocurrió jugar con la superstición de sus antiguos compañeros de tripulación; y tan bien lo consiguió que Gray y el doctor pudieron emboscarse antes de que llegaran los buscadores del tesoro.
—¡Ay! —dijo Silver—, menos mal que tenÃa conmigo a Hawkins. Doctor, de no haber sido por él, habrÃais permitido que hicieran picadillo de John el Largo sin importaros lo más mÃnimo.
—Desde luego —contestó el doctor Livesey rotundamente.
En estas llegamos a las chalupas. El médico destruyó una con el pico y todos subimos a la otra y nos dispusimos a rodear por mar la bahÃa del Norte.