La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Mientras iba soltando toda esta retahíla recorría la taberna de un lado para otro golpeando el suelo con la muleta, dando manotazos sobre las mesas y haciendo gala de tanta excitación, que habría convencido a cualquier juez de Old Bailey[18] o a cualquier detective de Bow Street[19]. Mis sospechas se habían vuelto a despertar al encontrar a Perro Negro en El Catalejo y observé detenidamente al cocinero. Pero era demasiado astuto y demasiado vivo y demasiado listo para mí, y cuando los dos hombres volvieron sin aliento y confesaron que le habían perdido la pista entre la muchedumbre, y que los habían amonestado como si fueran ladrones, estaba dispuesto a salir fiador de la inocencia de John Silver el Largo.