La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Cuando llegamos a la posada, el caballero y el doctor Livesey estaban sentados a una mesa, terminando de mojar sopas[21] en una jarra de cerveza antes de disponerse a subir a la goleta para una visita de inspección.

John el Largo les contó la historia de cabo a rabo, con mucha gracia y la mayor fidelidad a la verdad.
—Eso es lo que pasó, ¿verdad, Hawkins? —decía de vez en cuando, y yo confirmaba plenamente sus palabras.
Los dos caballeros sintieron mucho que Perro Negro se hubiera escapado, pero dijeron que qué se le iba a hacer y, después de que lo felicitaran, John el Largo cogió la muleta y se marchó.
—Todo el mundo a bordo esta tarde a las cuatro —le gritó el caballero según se alejaba.
—A la orden, señor —respondió el cocinero desde el pasillo.
—Bueno, caballero —dijo el doctor Livesey—, por lo general no me fío mucho de vuestros descubrimientos, pero he de reconocer que el bueno de John Silver me ha caído bien.
—Ese hombre es una mina —declaró el caballero.
—Y ahora —añadió el doctor—, Jim puede subir con nosotros a bordo, ¿verdad?