Drácula
Drácula “Si no sucede eso y alguna institutriz sale a pasear con su soldado, dejando al infante en su cochecillo de niño, bien, entonces no estarÃa sorprendido si el censo da un niño menos. Eso es todo.
Le estaba entregando el medio soberano cuando algo asomó por la ventana, y el rostro del señor Bilder se alargó al doble de sus dimensiones naturales, debido a la sorpresa.
¡Dios me bendiga! —exclamó —. ¡Allà está el viejo Bersicker de regreso, sin que nadie lo traiga!
Se levantó y fue hacia la puerta a abrirla; un procedimiento que a mà me pareció innecesario. Yo siempre he pensado que un animal salvaje nunca es tan atractivo como cuando algún obstáculo de durabilidad conocida está entre él y yo; una experiencia personal ha intensificado, en lugar de disminuir, esta idea.
Después de todo, sin embargo, no hay nada como la costumbre, pues ni Bilder ni su mujer pensaron nada más del lobo de lo que yo pensarÃa de un perro. El animal mismo era tan pacÃfico como el padre de todos esos cuentos de lobos, el amigo de otros tiempos de Caperucita Roja, mientras está disfrazado tratando de ganarse su confianza.