Drácula
Drácula Mi corazón se encogió cuando vi lo que había sucedido. Las cuatro yacían indefensas en el suelo, respirando pesadamente. La garrafa del jerez estaba sobre la mesa medio llena, pero había alrededor un raro olor acre. Tuve mis sospechas y examiné la garrafa. Olía a láudano, y mirando en la alacena encontré que la botella que el doctor de mi madre usa para ella (¡oh, usaba!) estaba vacía. ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? Estoy de regreso en el cuarto, con mamá. No puedo abandonarla, y estoy sola, salvo por las sirvientas dormidas, que alguien ha narcotizado. ¡Sola con la muerte! No me atrevo a salir, pues oigo el leve aullido del lobo a través de la rota ventana. El aire parece lleno de manchas, flotando y girando en la corriente de la ventana, y las luces destellan azules y tenues. ¿Qué debo hacer? ¡Dios me proteja de cualquier mal esta noche! Esconderé este papel en mi seno, donde lo encontrarán cuando vengan a amortajarme. ¡Mi querida madre se ha ido! Ya es tiempo de que yo también me vaya.
Adiós, querido Arthur, si no logro sobrevivir esta noche. Que Dios te proteja, querido, ¡y que Dios me ayude!.