Drácula

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Cuando llegó ya eran cerca de las seis de la tarde y el sol se estaba ocultando con todo esplendor y colorido, y la luz roja fluía a través de la ventana y le daba más color a las pálidas mejillas. Al verla, Arthur simplemente se ahogó de emoción, y ninguno de nosotros pudo hablar. En las horas que habían pasado, los períodos de sueño, o la condición comatosa que simulaba serlo, se habían hecho más frecuentes, de tal manera que las pausas durante las cuales la conversación era posible se habían reducido. Sin embargo, la presencia de Arthur pareció actuar como un estimulante; se reanimó un poco y habló con él más lúcidamente de lo que lo había hecho desde nuestra llegada. Él también se dominó y habló tan alegremente como pudo, de tal manera que se hizo lo mejor.

Va a dar la una de la mañana, y él y van Helsing están sentados con ella. Yo los relevaré dentro de un cuarto de hora, y estoy consignando esto en el fonógrafo de Lucy.

Tratarán de descansar hasta las seis. Temo que mañana se termine nuestra vigilancia, pues la impresión ha sido demasiado grande; la pobre chiquilla no se puede reanimar.

Dios nos ayude a todos.

Carta de Mina Harker a Lucy Westenra (sin abrir)

17 de septiembre


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