Drácula

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Y luego, se situó entre los dos como un león acorralado. Arthur estaba tan sorprendido que por un momento no encontró qué hacer ni qué decir; y antes de que ningún impulso de violencia pudiera apoderarse de él, se dio cuenta del lugar y de las circunstancias y se quedó en silencio, esperando.

Yo mantuve los ojos fijos en Lucy, lo mismo que van Helsing, y vimos un espasmo de ira pasar rápidamente como una sombra por su rostro; los agudos dientes se cerraron de golpe. Luego sus ojos se cerraron y ella respiró pesadamente.

Al poco tiempo sus ojos se abrieron con toda su suavidad, y extendiendo su pobre mano pálida y delgada, tomó la pesada y oscura mano de van Helsing; acercándosela, la besó.

—Mi verdadero amigo —dijo ella, en una débil voz pero con un acento doloroso indescriptible—. ¡Mi verdadero amigo, y amigo de él! ¡Oh, protéjalo, y deme paz a mí!

—¡Lo juro! —dijo él solemnemente, arrodillándose al lado de ella y sosteniendo su mano, como alguien que presta juramento. Luego se volvió a Arthur y le dijo—: Venga, hijo, tome la mano de ella entre las suyas, y bésela en la frente, y sólo una vez.

Se unieron sus ojos en vez de sus labios; y así se despidieron.


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