Drácula
Drácula —Cuando usted descubra algo del abogado de la difunta señora Westenra, selle todos sus papeles y escrÃbale hoy por la noche. Yo, por mi parte, vigilaré aquà en el cuarto y en el viejo cuarto de la señorita Lucy toda la noche, y yo mismo buscaré por lo que sea. No es bueno que sus pensamientos más Ãntimos vayan a manos de gente extraña.
Yo me dediqué a mi parte del trabajo, y a la media hora habÃa encontrado el nombre y la dirección del abogado de la señora Westenra, y le habÃa escrito. Todos los papeles de la pobre dama estaban en orden; se daban en ellos órdenes explÃcitas respecto al lugar del entierro. No habÃa terminado de sellar la carta cuando, para mi sorpresa, van Helsing entró en el cuarto, diciendo:
—¿Puedo ayudarle, amigo John? Estoy libre, y si me lo permite colaboraré con usted.
—¿Encontró lo que buscaba? —le pregunté, a lo cual él respondió:
—No busqué ninguna cosa especÃfica. Sólo esperaba encontrar, y he encontrado algunas cartas y unas cuantas notas, y un diario recientemente comenzado. Pero los tengo aquÃ, y por el momento no diremos nada de ellos. Yo veré al pobre muchacho mañana por la noche, y, con su anuencia, utilizaré estos documentos.
Cuando terminamos el trabajo que tenÃamos entre manos, me dijo: