Drácula
Drácula —Y ahora, amigo John, creo que podemos ir a la cama. Queremos dormir, tanto usted como yo, y descansar para recuperarnos. Mañana tendremos ambos mucho que hacer, pero por la noche de hoy no hay necesidad de nosotros.
Antes de retirarnos fuimos a ver a la pobre Lucy. El empresario de pompas fúnebres habÃa hecho un trabajo indudablemente bueno, pues el cuarto se habÃa transformado en una pequeña chapelle ardente. HabÃa una multitud de bellas flores blancas, y la muerte habÃa sido hecha lo menos repulsiva posible. El extremo del sudario estaba colocado sobre su cara; cuando el profesor se inclinó y lo retiró suavemente hacia atrás, ambos nos sorprendimos de la belleza que estaba ante nosotros, dando los altos cirios de cera suficiente luz para que la notáramos. Toda la hermosura de Lucy habÃa regresado a ella en la muerte, y las horas que habÃan transcurrido, en lugar de dejar trazos de los "aniquiladores de la muerte" habÃan restaurado la belleza de la vida, de tal manera que positivamente no daba crédito a mis ojos de estar mirando un cadáver.