Drácula
Drácula —Ya lo oyen y además, no creo que haya nadie que no lo crea.
Sacó el destornillador y volvió a quitarle la tapa al féretro. Arthur observaba, muy pálido, pero en silencio.
Cuando fue retirada la tapa dio un paso hacia adelante. Evidentemente, no sabÃa que habÃa una caja de plomo o, en todo caso, no pensó en ello. Cuando vio la luz reflejada en el plomo, la sangre se agolpó en su rostro durante un instante; pero, con la misma rapidez, volvió a retirarse, de tal modo que su rostro permaneció extremadamente pálido. TodavÃa guardaba silencio. Van Helsing retiró la tapa de plomo y todos nosotros miramos y retrocedimos.
¡El féretro estaba vacÃo!
Durante varios minutos, ninguno de nosotros pronunció una sola palabra. El silencio fue interrumpido por Quincey Morris:
—Profesor, he respondido por usted. Todo lo que deseo es su palabra… No harÃa esta pregunta de ordinario… , deshonrándolo o implicando una duda; pero se trata de un misterio que va más allá del honor o el deshonor. ¿Hizo usted esto?