Drácula
Drácula Abrió la puerta y salimos todos apresuradamente; el profesor salió al último y, una vez fuera, cerró la puerta. ¡Oh! ¡Qué fresco y puro nos pareció el aire de la noche después de aquellos horribles momentos! Resultaba muy agradable ver las nubes que se desplazaban por el firmamento y la luz de la luna que se filtraba de vez en cuando entre jirones de nubes… , como la alegrÃa y la tristeza de la vida de un hombre. ¡Qué agradable era respirar el aire puro que no tenÃa aquel desagradable olor de muerte y descomposición! ¡Qué tranquilizador poder ver el resplandor rojizo del cielo, detrás de la colina, y oÃr a lo lejos el ruido sordo que denuncia la vida de una gran ciudad! Todos, cada quien a su modo, permanecimos graves y llenos de solemnidad. Arthur guardaba todavÃa obstinado silencio y, según pude colegir, se estaba esforzando por llegar a comprender cuál era el propósito y el significado profundo del misterio. Yo mismo me sentÃa bastante tranquilo y paciente, e inclinado a rechazar mis dudas y a aceptar las conclusiones de van Helsing. Quincey Morris permanecÃa flemático, del modo que lo es un hombre que lo acepta todo con sangre frÃa, exponiéndose valerosamente a todo cuanto pueda suceder.