Drácula
Drácula Era una respuesta que impresionó a todos nosotros, hasta a los más escépticos, y sentimos individualmente que en presencia de un fin tan honrado como el del profesor, que utilizaba en esa labor lo que para él era más sagrado, era imposible desconfiar. En medio de un respetuoso silencio, cada uno de nosotros ocupó el lugar que le habÃa sido asignado, en torno a la tumba; pero ocultos, para que no pudiera vernos ninguna persona que se aproximase. Sentà lástima por los demás, principalmente por Arthur. Yo mismo me habÃa acostumbrado un poco, debido a que ya habÃa hecho otras visitas y habÃa estado en contacto con aquel horror; y aun asÃ, yo, que habÃa rechazado las pruebas hacÃa aproximadamente una hora, sentÃa que el corazón me latÃa con fuerza. Nunca me habÃan parecido las tumbas tan fantasmagóricamente blancas; nunca los cipreses, los tejos ni los enebros me habÃan parecido ser, como en aquella ocasión, la encarnación del espÃritu de los funerales. Nunca antes los árboles y el césped me habÃan parecido tan amenazadores. Nunca antes crujÃan las ramas de manera tan misteriosa, ni el lejano ladrar de los perros envió nunca un presagio tan horrendo en medio de la oscuridad de la noche.