Drácula
Drácula —Es usted el doctor Seward, ¿verdad?
—¡Y usted la señora Harker! —le respondà inmediatamente.
Entonces, la joven me tendió la mano.
—Lo conocÃa por la descripción que me hizo la pobre Lucy; pero… guardó silencio repentinaÂmente y un fuerte rubor cubrió sus mejillas.
El rubor que apareció en mi propio rostro nos tranquilizó a los dos en cierto modo, puesto que era una respuesta tácita al suyo. Tomé su equipaje, que incluÃa una máquina de escribir, y tomamos el metro hasta Fenchurch Street, después de enviar recado a mi ama de llaves para que dispusiera una salita y una habitación dormitorio para la recién llegada.
Pronto llegamos. La joven sabÃa, por supuesto, que el lugar era un asilo de alienados; pero vi que no lograba contener un estremecimiento cuando entramos.
Me dijo que si era posible le gustarÃa acompañarme a mi estudio, debido a que tenÃa mucho de que hablarme. Por consiguiente, estoy terminando de registrar los conocimientos en mi diario fonográfico, mientras la espero.